Violencia simbólica y textos irreverentes:

Arquitectura y Diseño Gráfico, 1993

 

Symbolic Violence and Irreverent Discourse:

Architecture and Graphic Design, 1993.

 

 

 

 

Palabras clave: Violencia simbólica, Huelga de Dolores, boletines estudiantiles, fenomenología y hermenéutica crítica.

 

Keywords: Symbolic violence, Huelga de Dolores, student bulletins, phenomenology, and critical hermeneutics.

 

Dr. Byron Alfredo Rabe Rendon*

Facultad de Arquitectura

Universidad de San Carlos de Guatemala.

https://orcid.org/0009-0000-5408-2038

Guatemala, Ciudad de Guatemala.

 

 

 

Fecha de recepción: 4 de julio de 2025.

Fecha de aceptación:

Correo: byron.rabe@farusac.edu.gt

 

 

 

*Arquitecto con maestrías en Administración Pública y Docencia Universitaria. Posee posgrados en Arquitectura Turística para el Desarrollo Sostenible y en Migración y Urbanismo. Doctor en Arquitectura y pendiente de graduación como doctor en Investigación Social. Ha sido docente en arquitectura y diseño gráfico por más de cuarenta años. Fue decano de la Facultad de Arquitectura y actualmente es Titular en la Dirección de Investigación de la USAC.

 

Resumen

En pleno pulso por la paz guatemalteca, el campus de la USAC vivió su propia batalla: Arquitectura y Diseño Gráfico chocaban en un cruento enfrentamiento que llevaba varios años y que se hizo notorio en los boletines de la Huelga de Dolores, en donde se mezclaba sátira incendiaria, memoria heroica y reclamos de dignidad. Este artículo rescata aquel 1993 mediante un doble enfoque: la fenomenología, que desnuda la carga afectiva tras cada insulto, burla o verso; y la hermenéutica crítica, que muestra cómo el discurso estudiantil reprodujo, en miniatura universitaria, las lógicas de poder, exclusión y confrontación que sacudían al país.

A partir de cuatro boletines mimeografiados se revisa la transformación del aula en territorio simbólico, el humor como arma de visibilidad y la profecía satírica que anticipa la expulsión del adversario. Leídos cada viernes hasta la Declaratoria de Huelga, estos textos funcionaron simultáneamente como dispositivos de resarcimiento colectivo y como tribunales populares en los que se dirimía la legitimidad. Uno de los principales aportes de este estudio es la doble lectura—vivencial y crítica, y subjetiva y contextual—que lo distingue de aproximaciones puramente descriptivas o normativas sobre los rituales estudiantiles.

El análisis revela que, pese a la ferocidad verbal, los subcomités de Huelga de Dolores de la Facultad de Arquitectura compartían la misma sed de reconocimiento en un campus desprovisto de instancias de époche institucional capaces de mediar las diferencias sin prejuicios y supuestos preestablecidos. Ese vacío convirtió la palabra en trinchera y ahondó la lógica de la desconfianza. Releer estas narrativas equivale a interrogar un presente que, lejos de ser ajeno, persiste como eco de aquella confrontación: una realidad renovada en sus formas, pero animada por idénticas pulsiones de exclusión, silenciamiento y poder. ¿Qué ocurre cuando la universidad reitera los gestos de la confrontación externa? ¿Cómo reimaginar hoy un diálogo que transforme la divergencia en potencia creativa y recupere, para el ritual estudiantil, su auténtica capacidad de encuentro, memoria y reparación?

 


Abstract

Amid Guatemala’s pursuit of peace, the USAC campus witnessed its own internal conflict: Architecture and Graphic Design were engaged in a bitter confrontation that had been building for years and became especially visible in the bulletins of the Huelga de Dolores, where incendiary satire, heroic memory, and demands for dignity converged. This article revisits that pivotal year of 1993 through a dual lens: phenomenology, which exposes the affective charge behind each insult, mockery, or verse; and critical hermeneutics, which reveals how student discourse reproduced, in miniature, the broader national logics of power, exclusion, and confrontation.

Drawing on four mimeographed bulletins, the study examines the transformation of the classroom into a symbolic battleground, the use of humor as a strategy of visibility, and the satirical prophecy that anticipated the adversary’s expulsion. Read publicly every Friday leading up to the Declaratory Act of the Huelga, these texts functioned simultaneously as devices of collective reparation and as popular tribunals where legitimacy was contested. A key contribution of this study lies in its double reading—experiential and critical, subjective and contextual—which distinguishes it from purely descriptive or normative approaches to student rituals.

The analysis shows that, despite the verbal ferocity, both subcommittees of the Huelga de Dolores within the Faculty of Architecture shared a deep need for recognition within a campus lacking institutional mechanisms of époche that could mediate differences without bias or preconception. That institutional void turned words into trenches and deepened a logic of mistrust. To reread these narratives is to interrogate a present that is anything but distant—a present shaped by renewed forms yet driven by the same impulses of exclusion, silencing, and power. What happens when the university echoes the gestures of external confrontation? How might one reimagine a dialogue today that transforms divergence into creative potential and restores the student ritual to its authentic function as a space of encounter, memory, and reparation?

 

 


Introducción

En 1993, mientras Guatemala intentaba suturar las heridas abiertas por más de tres décadas de conflicto armado, la Universidad de San Carlos se mantenía como uno de los pocos escenarios donde la crítica encontraba todavía un cauce visible. Allí, la Huelga de Dolores –tradición estudiantil forjada en la sátira y la denuncia– mostraba de manera particular su espesor político: las burlas cantadas a partir de textos mimeografiados no solo interpelaban a las autoridades universitarias, sino que reflejaban las tensiones de un país que avanzaba con pasos vacilantes hacia la paz. En el corazón de esta coyuntura se desató un pulso especialmente intenso dentro de la Facultad de Arquitectura. En 1993, mientras el país negociaba el fin del conflicto armado, la Facultad de Arquitectura vivía su propia guerra interna: el Programa de Diseño Gráfico (PDG) creado en 1987, había vivenciado durante el último período administrativo (1990-93) una serie de exclusiones administrativas y de agresiones discursivas, que se reflejaron ese año en los boletines semanales difundidos durante la cuaresma.

Los boletines huelgueros constituyen fuentes privilegiadas para indagar la vivencia estudiantil porque condensan afectos, ironías y denuncias que trascienden los datos “objetivos”. Su lectura pública, coreada por multitudes, convierte la palabra impresa en acontecimiento, “lo cotidiano se transfigura en acontecimiento político” (Musac 2021). 

Este artículo centra su atención en cuatro ejemplares de marzo de 1993 para desentrañar la manera en que la experiencia fenomenológica —la forma en que los estudiantes sintieron y celebraron— se entrelazó con la producción de sentido político, revelando la Huelga de Dolores como un espacio donde se libraba una disputa identitaria. En los tres primeros boletines del subcomité de Arquitectura, la retórica buscó deslegitimar al Programa de Diseño Gráfico, presentándolo como intruso y amenaza. El cuarto, gestado por estudiantes de Diseño, emergió como réplica reivindicativa: un manifiesto de pertenencia que reclamaba un lugar digno en el campus. Al atacar o defender, ambos grupos construyeron sus propias trincheras simbólicas, forjando cada vez más ese “nosotros” que delineaba los límites de la identidad facultativa. De este modo, los boletines dejaron de ser simples escritos para transformarse en campos de batalla semióticos donde se esculpía, en tiempo real, quién tenía derecho a habitar la universidad y cómo debía imaginarse su futuro.

La confrontación retórica derivó de una disputa judicial. Después de que una sentencia legal restituyera el derecho de inscripción a los nuevos estudiantes de Diseño Gráfico, la Asociación de Estudiantes de Arquitectura desconoció públicamente a la AEU y a su secretario general, Víctor Gudiel. Según el relato del propio Gudiel[1] luego de una tensa espera la Asociación de Estudiantes de Arquitectura, AEDA, acabaría regresando, atraída tanto por la necesidad de legitimidad en la Huelga como por la tradicional “cuota de guaro”, exención impositiva que aseguraba el abastecimiento de licor para la fiesta huelguera. Finalmente, según Gudiel, los dirigentes de Arquitectura acudieron a la AEU y aceptaron reconocerla a cambio de participar en el Comité de Huelga, comprometiéndose además a respetar a los estudiantes de Diseño. Ese gesto parecía haber redefinido los equilibrios de poder dentro de la huelga y conferido a los involucrados una legitimidad ritual imposible de obtener por otros medios. No obstante, lo reflejado en los boletines contaría otra versión de la historia.

Lo pactado en los pasillos contrastaba con la narrativa que seguiría circulando en los boletines de 1993: los autores de Arquitectura negarían haber buscado el aval de la AEU, mientras las páginas satíricas continuaban profundizando la fractura. Esta divergencia entre la realidad negociada y la versión impresa revela cómo la Huelga de Dolores, más que un evento festivo, actuaba como un dispositivo de producción de sentido en el que las palabras podían deshacer o sellar alianzas. Los boletines, reproducidos aquí con su tono irreverente, permiten asomarse a la vivencia subjetiva de los actores, al tiempo que iluminan el modo en que el ritual huelguero servía para renegociar jerarquías, procesar agravios y proyectar nuevos horizontes de acción en el umbral de la supuesta paz guatemalteca.

La pertinencia de revisitar 1993 radica, además, en la reactivación contemporánea del activismo universitario. Estudios recientes sobre “campus activism” subrayan los riesgos, aprendizajes y memorias que se gestan en estos procesos, mientras el análisis de protestas ritualizadas sugiere que la performatividad colectiva posibilita la reinscripción de traumas históricos (Pradhan, Shea y Jurow 2024). Bajo esta óptica, la investigación adopta un enfoque cualitativo histórico-interpretativo que combina la fenomenología descriptiva de Husserl y Giorgi con la hermenéutica crítica de Ricœur. Esta doble perspectiva permite, por un lado, reconstruir la experiencia vivida de los actores estudiantiles durante la Huelga de Dolores de 1993; por otro, situar sus discursos dentro del panorama político-institucional de los años finales del conflicto armado guatemalteco.

El cuerpo principal lo integran cuatro boletines, leídos públicamente cada viernes de Cuaresma en la Facultad de Arquitectura. Tres fueron elaborados por el Subcomité de Arquitectura (5, 12 y 19 de marzo de 1993), y uno por el Subcomité de Diseño Gráfico hacia finales del mes. Dichos documentos, recuperados de archivos personales y del fondo histórico de la AEU, fueron digitalizados, transcritos fielmente y anonimizados cuando fue necesario.

El análisis fenomenológico inició con un ejercicio de reflexión, registrando y suspendiendo las preconcepciones del investigador (époche). En la primera etapa se realizó una lectura detallada para identificar núcleos de significado relacionados con poder, exclusión, resistencia simbólica y temporalidad ritual. A partir de estos, se reconocieron invariantes eidéticas[2] como la apelación a la “tradición huelguera”, la figura del enemigo interno y la sátira como forma de reparación simbólica. Esta etapa permitió aproximarse a la vivencia subjetiva expresada en el discurso satírico.  En una segunda fase, la lectura hermenéutica crítica enlazó el texto con su contexto: el conflicto en Arquitectura, el intento del cierre temporal del PDG y la polarización dentro de la USAC. Así se mostró que los boletines actuaban como dispositivos de poder destinados a legitimar posiciones y disputar el orden simbólico universitario.

La triangulación metodológica se apoyó en la opinión y sentido de los estudiantes encontrados en la entrevista semiestructurada y en el contenido original de los boletines de la Huelga, el registro en actas de la Junta Directiva y los pronunciamientos oficiales de las asociaciones estudiantiles. Al confrontar la vivacidad de los testimonios con la formalidad de los textos impresos, se reveló cómo la sátira de los boletines no solo reflejaba el ánimo de la huelga, sino que rebatía y, a la vez, diluía los límites de la normativa vigente. Para mantener la riqueza de estos discursos, se preservó el peso descriptivo, el tono y la lectura originales. Este proceso desembocó en una lectura que integra la dimensión experiencial con el contexto histórico, trascendiendo los enfoques meramente descriptivos o normativos. Finalmente, el cruce de evidencia textual, documental y testimonial favoreció la interpretación y permitió comprender el conflicto estudiantil en toda su complejidad.

Marco teórico

Este estudio se apoya en cuatro ejes conceptuales para comprender la Huelga de Dolores como práctica ritual y arena de disputa identitaria. Primero, la ritualidad y memoria colectiva muestra cómo el acontecimiento anual funciona como laboratorio de resistencia simbólica, donde sátira y tradición reactivan recuerdos compartidos. Segundo, la fenomenología de la experiencia vivida permite desentrañar la carga afectiva que se esconde tras cada insulto o verso, revelando el campus como un tejido de vivencias intersubjetivas. Tercero, la hermenéutica crítica aporta el contraste necesario entre discurso y contexto, identificando la forma en que el poder-saber universitario se reproduce y se subvierte mediante la sátira encapuchada. Por último, el análisis del activismo estudiantil sitúa la Huelga de 1993 en un continuo de protestas universitarias que combinan humor, performance y riesgo, lo que confirma la perdurabilidad de esos códigos rituales. Con ello, el marco ofrece una lente integral—histórica, afectiva, crítica y comparativa—para interpretar los boletines como manifestaciones complejas de identidad y poder.

Ritualidad y memoria colectiva

La Huelga de Dolores, declarada Patrimonio Cultural Intangible de la Nación en 2011, no es solo una fiesta estudiantil: funciona como un “espacio simbólico de resistencia” donde la sátira encapuchada reactualiza memorias de lucha que se remontan a principios del siglo XX. Para comprender por qué una manifestación cargada de humor puede ser tan potente, conviene mirar la teoría clásica de los rituales. Victor Turner (1969) describe los ritos como procesos liminares en los que las jerarquías habituales se suspenden; durante esa “zona fronteriza”, los participantes experimentan una comunitas—un sentimiento de igualdad efervescente—que permite “re-encantar” la vida social y repensar el orden establecido. En la USAC, ese umbral se abre cada Cuaresma: el campus se impregna de versos burlescos, carrozas satíricas y disfraces que invierten simbolismos de poder, al tiempo que reafirman la identidad universitaria frente a actores externos (autoridades, gobierno, empresariado).

Desde la sociología de la memoria, Maurice Halbwachs (1992) indica que toda colectividad preserva recuerdos colectivos que le otorgan continuidad histórica. Al entonar las viejas tonadas huelgueras o al editar los boletines, el estudiantado reactiva esa memoria y la adapta a sus preocupaciones actuales—corrupción, autonomía, represión—demostrando que la tradición es dinámica y no un museo estático. Este potencial renegociador se vincula con lo que Connerton (1989) denomina prácticas de recuerdo incorporado: al marchar, cantar y ridiculizar a las autoridades, los cuerpos inscriben la protesta en la carne colectiva y, al mismo tiempo, prueban formas alternativas de organización y solidaridad.

Fenomenología de la experiencia vivida

Atender a la experiencia antes de juzgarla fue la gran apuesta de Edmund Husserl. Su propuesta de époche —“poner entre paréntesis” todo lo dado por supuesto—no implica quedarse en el escepticismo, sino despejar el terreno para que emerja lo que él llamaba Lebenswelt o mundo de la vida: el tejido de significados que precede a cualquier teoría (Husserl [1913] 2012). Ese gesto introduce la reducción fenomenológica: primero la descripción minuciosa de lo vivido, luego la variación eidética, que descubre su “núcleo invariante” su esencia o eidos. Amedeo Giorgi adaptó este programa a la investigación cualitativa mediante un procedimiento en cuatro movimientos: lectura holística, segmentación en unidades de significado, transformación psicológica y síntesis eidética (Giorgi 2009). Estudios posteriores han reforzado la trazabilidad y la credibilidad de los hallazgos con protocolos de reflexividad, doble codificación y devolución al participante (Abraham y Padmakumari 2024; Alhazmi y Kaufmann 2022).

Desde esta perspectiva, los boletines de 1993 se leen como fenómenos intencionales: cada texto expresa un acto de conciencia dirigido a un objeto—defender, denunciar, provocar—. Su tono hiperbólico no es un simple color local; reviste afectos compartidos—orgullo, temor, hastío—que emergen cuando el espacio universitario se siente amenazado. Bajo la capa del insulto late un reclamo de dignidad; tras la rima festiva se advierte la ansiedad por no ser borrados. La fenomenología recuerda, así, que la universidad no es solo una estructura administrativa, sino un entramado de vivencias que pugnan por hacerse oír.

Hermenéutica crítica y poder

Si la fenomenología pregunta cómo se da la experiencia, la hermenéutica indaga por el sentido y la procedencia de los testimonios. Paul Ricœur concibe la interpretación como un círculo comprensivo-explicativo, donde el texto se entiende a partir del mundo que proyecta y se explica al reinsertarse en su contexto (Ricœur 1986). Leer es un ir y venir entre significados y condiciones de posibilidad.

La dimensión interpretativa resulta incompleta sin atender a la violencia simbólica, concepto acuñado por Pierre Bourdieu para nombrar la forma de dominación que se ejerce “con la complicidad de quienes la padecen”, pues las jerarquías se interiorizan como naturales y legítimas (Bourdieu 1991). Más que agresión física, se trata de un trabajo incesante del lenguaje —insultos, chascarrillos, ritos de consagración— que clasifica cuerpos, distribuye prestigio y produce subordinación sin necesidad de coerción directa. El poder simbólico opera donde el discurso instala la convicción de que ciertas posiciones merecen el centro y otras el margen. Otros estudios han subrayado que esta violencia se vuelve más eficaz cuando reviste formas lúdicas o rituales —canciones, eslóganes, sátiras—, pues así se disimula su carácter de dominación (Wacquant 2005).

Aplicada a los boletines, la noción explica por qué las rimas de Arquitectura no solo “bromean” con el PDG: reproducen una frontera simbólica que naturaliza su exclusión y la presenta como justa. A la inversa, las parodias de Diseño buscan fisurar ese consenso, devolviendo el golpe simbólico y cuestionando la legitimidad de la jerarquía. De este modo, la palabra funciona como tecnología de gobierno que clasifica, sanciona y normaliza lugares y comportamientos.

Investigaciones recientes sobre hermenéutica y estructura de poder insisten en esa doble cara del texto: todo acto interpretativo es, en sí mismo, una práctica política que legitima o cuestiona jerarquías (Strydom 2023; Ferrarese 2025). En los boletines, el marco permite observar cómo Arquitectura invoca la memoria heroica para blindar su hegemonía, mientras Diseño Gráfico recurre a la ironía para fisurarla. En ambos casos, la palabra funciona como tecnología de gobierno: clasifica cuerpos, asigna lugares y sanciona comportamientos aceptables.

Activismo estudiantil

Las protestas universitarias siguen siendo un laboratorio de aprendizaje cívico. Un estudio comparativo en EE. UU. e India demuestra que participar en marchas, huelgas o asambleas, potencia habilidades de organización y amplía la conciencia social, pero también expone a los jóvenes a sanciones y violencia (Pradhan, Shea y Jurow 2024). De igual manera, la investigación de Hill (2024) subraya que los rituales contestatarios crean “espacios seguros de alto riesgo”: seguros porque generan camaradería y, de alto riesgo porque desafían abiertamente al poder. La etnografía visual de Xu (2024) confirma que la permanencia de códigos rituales (como encapuchados y versos satíricos) actúan como puente entre generaciones, transmitiendo memoria política aun cuando cambian los temas de protesta. La disputa de 1993, por tanto, no constituye un episodio aislado, sino un eslabón más de la tradición guatemalteca que mezcla humor, denuncia y performance para sostener la comunidad estudiantil. Comprender estos patrones permite leer el pasado con ojos críticos y reconocer las continuidades de la movilización juvenil.

Análisis y discusión

Boletín 1 (Arquitectura, 5 marzo 1993)

El Boletín 1 abre la contienda con un estallido verbal que deja al descubierto la vivencia de asedio que embarga al estudiantado de Arquitectura. Entra de lleno a un ataque hacia la AEU y su secretario, pero también se refiere a otros temas. Los segmentos más destacados de cada boletín se incluyen literalmente:

A LA COMUNIDAD DE ARQUITECTURA

En el momento en que este sub-comité empieza sus actividades tradicionales de sacar los trapitos al sol, de los problemas que atravesamos en este viacrucis mal llamado FACULTAD DE ARQUITECTURA, en que tanto problema nos está hundiendo, separándonos y tapándonos los ojos de lo que a la vista es un volcán de problemas, que a nadie escapa, como es la falta de espacio, la super población y otros problemas mierdas que no valen la pena que nosotros les hagamos ver, ya que ustedes los viven y los deben de denunciar y apoyarnos en las denuncias, así como en las soluciones.
Este sub-comité que quiere que todos ustedes se solidaricen con lo que nosotros decimos y denunciamos con la verdad absoluta de la voz estudiantil, que como es tradición,  este honorable sub-comité lo saca todos los años, pero en este año en que el sub-comité de huelga de ARQUITECTURA es marginado e ignorado por los actuales dirigentes de la AEU (ASOCIACIÓN DE ESTÚPIDOS UNIDOS), y del honorable comité de huelga de dolores 1993, que con esto quisieron chantajear  a la ASOCIACIÓN DE ESTUDIANTES DE ARQUITECTURA (A.E.D.A.) que se retractara del desconocimiento al actual comité ejecutivo de AEU para darle cabida en la tradicional huelga de dolores, pero la postura de la ASOCIACIÓN DE ESTUDIANTES DE ARQUITECTURA y de todo el estudiantado que en una magna asamblea general ratificaron esta decisión ante la política prepotente de la AEU.

Este sub-comité no se acobarda, ni se retracta, ni mucho menos se acobarda de las decisiones del estudiantado de Arquitectura, por lo que decidimos continuar con nuestra tradición huelguera, le duela a quien le duela, le arda a quien le arda, aprobada o no por la AEU, la tradición es ley y no pensamos pedirle permiso a ningún hijo de la gran puta en lo que nos compete, por lo que ARQUITECTURA SIEMPRE PERDURA, POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS.

 

BOLETIN No. 1

El muy leal, cabal, fenomenal, que sabe a miel, y le hace huevos a fidel, a la AEDA nunca le ha sido infiel, infeliz, barniz, LEAL tiene cara de lombriz, nariz, moco, mocote, (nombre eliminado) tiene un gran culote, de novio a un vil cerote, y sus amantes somos unos papasotes, zopilotes, zopilotote, zapatote, zapato, zapatito, zapatón, este sub tema tiene la razón, llevamos 500 años de represión, y continuamos con esta revolución, formación, canción, canto, cantar, la tarjeta de crédito nos quieren aceptar, y nos la van a cancelar, cancelando, velando, hueviando, diseño trágico vayan desalojando, porque salones no les estaremos dando a pesar de las putas que nos están mandando, violando, ordenando, matando, asesinando, secuestrando, violando, volando, aterrizando, las chicas de arquitectura nos siguen amando, las de diseño nos la siguen mamando, las de ingeniería el culo nos están dando, las de derecho nos la siguen agarrando, las de sicología pisto nos están pasando y a las de AEU ni verga les estamos aceptando…(continúan los improperios y señalamientos sexuales, vulgaridades y frases diversas).   […] diseño gráfico a los nuevos a titireteado, pero los estudiantes nunca seremos baboseados, el hijo de la gran puta de Víctor Hugo (Memín) será asesinado, sus choleros serán esclavizado […]

 

DECRETAMOS:

Primero: Prohibir la presencia de cualquier representante de AEU en esta facultad. Segundo: Oreja descubierto, oreja vergueado. Tercero: Que no daremos ni un paso atrás, sobre el desconocimiento del actual comité ejecutivo de la AEU […]

 

DADO:

…a los 7 años que parieron a los bastardos de diseño gráfico, a los dos años que los títeres manipuladores de la supuesta seudoasociación de diseño gráfico, salieron a la luz […], a los 5 meses que los ladrones de diseño gráfico se hueviaron la urna de vocal IV y V, a las pocas semanas que se desconoció al comité huevioativo de la AEU […] a las horas que terminamos de imprimir este boletín, los muchachos del HONORABLE SUB COMITÉ DE HUELGA DE TODOS LOS DOLORES DE LA FACULTAD DE ARQUITECTURA 1993.

Guatemala de la desconocedera, 5 de marzo de 1993[3]

 

Al inicio del Boletín 1 se declara un “viacrucis” colectivo: la facultad aparece como un cuerpo enfermo, sobrepoblado y corroído por “problemas mierdas” que —según se afirma— solo la voz estudiantil puede denunciar y sanar. Desde una mirada fenomenológica, el texto transforma esa sensación de ahogo en experiencia compartida: no se limita a informar, sino que convoca a sentir la urgencia y el malestar. Cada improperio, cada verso cargado de rima y dogma, opera como descarga afectiva que refuerza la pertenencia —“Arquitectura siempre perdura”— al tiempo que expulsa a todo actor ajeno (AEU, PDG) al territorio simbólico del enemigo.

La hermenéutica crítica permite leer ese torrente lingüístico como reescritura, en clave estudiantil, de la Guatemala cuya guerra no sólo se libra en la montaña, también en los pasillos de la USAC, y se legitima a través de metáforas bélicas (“oreja descubierto oreja vergueado”, “serán esclavizados”). El espacio universitario deviene territorio simbólico cuya defensa puede justificar la violencia real. De ahí la omnipresencia de verbos de agresión—“violando, ordenando, matando”—que desdibujan la frontera entre la sátira huelguera y la amenaza física.

La retórica misógina añade otra capa de sentido. Al sexualizar y denigrar a las estudiantes de diferentes facultades, el boletín reinscribe patrones de dominación de género dentro de un discurso supuestamente emancipador. Lo que parece chabacanería revela, en clave fenomenológica, cómo el grupo cimenta su cohesión mediante la cosificación del “otro” femenino, normalizando en el ritual lo que fuera del campus se denunció como violencia estructural.

Finalmente, al decretar la prohibición de cualquier representante de la AEU y proclamar que no darán “ni un paso atrás”, los autores manifiestan un deseo de autodeterminación que solo se sostiene a través de la exclusión radical. El boletín se convierte en un acto performativo: nombra la ruptura y, al nombrarla, la instituye; crea un nosotros atrincherado que imagina a la tradición como “ley” y al “hijo de la gran puta” adversario como amenaza existencial que debe ser erradicada.

En conjunto, este primer impreso no es solo un documento polémico; es un registro denso de la experiencia afectiva, política y simbólica de un colectivo que se sabe en riesgo de perder su lugar histórico. Su lenguaje hiperbólico y violento, lejos de ser accidente retórico, expone cómo la Huelga de Dolores funcionó en 1993 como escenario donde se dramatizaron las lógicas nacionales de conflicto, las pugnas internas por la legitimidad estudiantil y las tensiones de género aún naturalizadas en la cultura universitaria.

 

Boletín 2 (Arquitectura, 12 marzo 1993)

Apenas una semana después del estallido inicial, el segundo boletín deja sentir cómo la indignación se ha condensado en furia colectiva. El texto arranca con un título lapidario—“Diseño Gráfico, un proyecto político de alto contenido reaccionario que fracasó”—y, desde esa primera frase, la derrota del adversario se presenta como un hecho consumado, casi un designio histórico:

DISEÑO GRÁFICO, UN PROYECTO POLÍTICO DE ALTO CONTENIDO REACCIONARIO QUE FRACASÓ

Cuando el arquitecto Eduardo Aguirre ex-decano de la Facultad de Arquitectura, creó el programa experimental de Diseño Gráfico, junto con sus camaradas, Leal, Rabe, Mendizábal, Meza, Asencio, Paredes, Sosa y demás, lo hicieron con dos claras intenciones:

1.- Crear su propio caudal electoral estudiantil, ya que con Arquitectura no tenían, no tienen, ni tendrán ninguna simpatía política.

2.- Controlar políticamente la Facultad de Arquitectura, y desatar libremente, su resentimiento en contra del estudiante, atacar el movimiento estudiantil de Arquitectura, y luchar para desintegrarlo, para no tener ninguna oposición real interna.

Hay que recordar que para que aprobaran dicha carrera, se valieron de una serie de maniobras sucias, para anular al propio Consejo Superior Universitario, la carrera fue aprobada en término de una hora.
Sin embargo estos mesiánicos profesionales, arquitectos resentidos, egresados por desgracia de nuestra facultad, recibieron su primer revés, en las anteriores elecciones a decano, poniendo como candidato el arquitecto Eduardo Sosa, y siguieron recibiendo reveses con todas las vocalías, para ese entonces el movimiento de Arquitectura, ya estaba consciente de esas negras intenciones, sabía quiénes eran sus enemigos contra quien debía luchar.

Ahora bien preguntamos: ¿Cómo pretenden esos cerotes, tener simpatía con Arquitectura, si siempre se han aprovechado de sus puestos claves, en taller síntesis en los tres niveles, para practicar una lucha resentida y represiva en contra del estudiante, con la intención de desmoralizarlo y lograr que abandone la carrera?

Sin embargo, ahora se prestan para ir nuevamente al ataque, con el arquitecto Korea como candidato, bastaría ver cómo se comportan en taller síntesis nivel medio, en donde Korea es coordinador, actúan como que si nos estuvieran dando las clases de regalado, y nosotros fuéramos limosneros de la educación.

Pero después de haber sufrido uno y otro revés en las elecciones, se percataron de la apatía que manifestaba el estudiante de Diseño Gráfico, se dieron cuenta de la necesidad de definir su propio caudal electoral al identificarse con ellos, era necesario entonces manipular a los estudiantes de Diseño, para lo cual se presentaron los catedráticos, seudo líderes títeres, como ellos, en tres palabras, hijos de puta.

Entonces surgió la idea de hacer su propia asociación de estudiantes, aduciendo que A.E.D.A. no se ocupaba de sus necesidades, que estaban siendo marginados, que no se les daba participación, sin embargo, el títere de Víctor Ayala perteneció a la anterior Junta Directiva de A.E.D.A. La manipulación política de los estudiantes es clara, no se quieren ir de Arquitectura, porque quieren controlar políticamente la Facultad.

Ahora bien:  Cómo la A.E.U. se presta a un juego sucio en contra de la Facultad. Por qué A.E.U. no funciona como medidor en este conflicto, sino que tomó partido a favor de Diseño, sin escuchar la otra parte. En pocas palabras, en ningún momento, combatirán el sistema, lo cual A.E.U. dice hacer.

No cabe duda, ¡A.E.U. SE CONTRADICE!
Pero después de todo esto, algo es cierto, la comunidad de Arquitectura está más unida que nunca, solo nosotros podemos defender nuestros derechos, ni un paso atrás,
¡VENCEREMOS!

Continúan en referencia hacia diseño gráfico: 

…maltratando, acusando, matando, a diseño Trágico a la mierda los estaremos mandando, ojalá Víctor Memín Gudiel los ande alojando, porque mierdas no podemos seguir aguantando…

Luego en la parte de HACE SABER: en anuncios clasificado expresan:

…vendo, alquilo, permuto, bello terreno con establo ideal para instalaciones de Diseño Trágico, verlo en polígono 14, Ixcán Quiché […] se necesita personal, con experiencia en robo de urnas (aló Juan José Rodas), falsificación de votos y campañas negras, para campaña de decano, más información en cubículo de taller nivel inicial, con Pipa Mejía…

 

Guatemala de la aguevadera, 12 de marzo de 1993[4]

 

En el segundo boletín, la vivencia de los autores es la de un cerco que se estrecha: su facultad, percibida ya como plaza sitiada, estaría ahora infiltrada por “traidores” que operan desde aulas, urnas y despachos. Esta sensación de amenaza interna convierte al boletín en un grito defensivo que aspira a una purificación del territorio.

El tono, entre la rima burlona y el insulto descarnado, no solo golpea a la AEU y al PDG; también descalifica con nombres propios a arquitectos y docentes que, a juicio de los autores, han “vendido” la tradición. Esa personalización de la agresión revela un paso adicional en la radicalización: la lucha deja de ser contra una idea y se vuelve contra cuerpos concretos, fácilmente identificables. En clave hermenéutica, el desplazamiento del conflicto hacia figuras específicas sirve para justificar la exclusión y legitimar la violencia discursiva: si el enemigo tiene rostro y apellido, resulta más sencillo movilizar a la comunidad para “defenderse”.

El boletín reproduce con saña un léxico de hegemonía moral: Arquitectura se presenta como la custodia de un legado y, por tanto, cualquier divergencia desemboca en crimen contra la tradición. De ahí la referencia continua a un “control político” que Diseño Gráfico, con la complicidad de la AEU, habría instaurado en la facultad. El temor a la usurpación se transforma así en certeza paranoica: todo gesto ajeno parece parte de una conspiración destinada a “cancelar” la voz legítima del subcomité. Esa construcción narrativa no solo narra un hecho, lo construye y actúa; a través de la retórica irreverente, la frontera entre realidad y rumor se diluye, y lo que no estaba probado se vuelve verdad emocional.

El lector se encuentra, además, con el recurso insistente de la deshumanización del oponente: “cerotes”, “hijos de puta”, “títeres”. Tales epítetos funcionan como umbrales simbólicos que expulsan al otro de la esfera de lo debatible y lo arrojan a la categoría de lo eliminable. Bajo la óptica fenomenológica, estos improperios son descargas de rabia ante la sensación de perder la voz; bajo la hermenéutica, son huellas de un poder que necesita sacrificar al “enemigo interno” para reconstituir su cohesión.

Los avisos sobre “robo de urnas” y “falsificación de votos” expone otra dimensión de la crisis: la sospecha de corrupción se convierte en coraza ética que habilita cualquier medida de defensa. El boletín se erige, entonces, como tribunal y sentencia a la vez—una instancia paralela de justicia en la que la palabra, cargada de furor, pretende restablecer el orden que las instituciones ya no garantizan.

Leído en su conjunto, el segundo boletín no solo intensifica la agresión iniciada en el primero; da prueba de que el conflicto se ha internalizado hasta el punto de reconfigurar la identidad colectiva. Las amenazas y los agravios ya no buscan solo aterrorizar; aspiran a fundar un nuevo relato de legitimidad en el que la violencia—simbólica de momento, potencialmente física después—aparece como el único camino para salvaguardar la “verdad” de Arquitectura. Así, la Huelga de Dolores se convierte en escenario donde la pugna por el espacio universitario reproduce, con crudeza estudiantil, las lógicas de exclusión y beligerancia que todavía estremecían a la sociedad guatemalteca de 1993.

Boletín 3 (Arquitectura, 19 marzo 1993)

Cuando el tercer boletín irrumpe en los pasillos de Arquitectura, lo hace envuelto en una épica que busca remontar la disputa a los orígenes mismos de la facultad. Los redactores invocan el CRA del 72 para tejer un hilo que conecta el presente con aquella ofensiva “liberal y revolucionaria” que —afirman— rescató el “contenido social” perdido.   

BOLETÍN No. 3

ARQUITECTURA, UNA LUCHA HISTÓRICA, UNA LUCHA INCLAUDICABLE.

Cuando los sectores más liberales y revolucionarios dieron el cambio en Arquitectura, con el CRA del 72, lo hicieron con el objetivo de devolver a nuestra Facultad el contenido social que había perdido con la administración de ese momento.

Esta lucha histórica fue organizada por A.E.D.A. al frente del movimiento estudiantil, expulsando a los sectores más reaccionarios de extrema derecha, quienes se negaron a dar la apertura social que los estudiantes exigían.

21 años después se repite la historia, nuevamente los sectores más resentidos de extrema derecha, que en ese momento lograron quedarse, le plantean al movimiento estudiantil un desafío, pero ahora con un grupo de estudiantes mediocres y manipulados al frente.

Lo que no han percibido estos sectores es que nuestro movimiento no nació ayer, ni es un aborto de hace 7 años como otros, sino que tenemos 37 años de lucha histórica, de lucha inclaudicable, gracias a la cual nació nuestra histórica Facultad de Arquitectura, 37 años de lucha al lado del estudiante, defendiendo lo que nos pertenece, y no estamos dispuestos a compartir.

Nosotros somos los herederos de las luchas históricas que libraron nuestros compañeros, para dirigir nuestra Facultad, por las justas luchas obreras y campesinas.

Nuestro movimiento estudiantil ahora más unido que nunca y decididos a expulsar de nuestra Facultad a estos sectores reaccionarios de extrema derecha y sus títeres sin dignidad.

POR LA MEMORIA DE NUESTROS MÁRTIRES,
CON EL EJEMPLO DE NUESTROS COMPAÑEROS
QUE AHORA ESTÁN EN EL EXILIO
LUCHAREMOS HASTA VENCER. [5]

El Boletín 3 (tripas), y continúa con una retórica similar a la de los boletines anteriores con insultos y señalamientos sexuales hacia distintas compañeras de la Facultad. Luego dentro de otros segmentos relacionados con la problemática central, continúa:

“PRIMERO:  A Víctor Memín le estamos aclarando, que no lo estamos amenazando, sino que estamos profetizando.”

Dado “…a los 40,000 años en que se profetizó el derrumbamiento calamitoso e inevitable de los abortos e hijos bastardos de Diseño Pornográfico” [...] “A los 2,500 años en que Nostradamus predijo que el cerote, hijo bastardo hermano de los abortos de Diseño Pornográfico, Víctor Memín Gudiel sería asesinado…”

La experiencia que transmiten es la de un movimiento asediado, pero también heredero de un linaje heroico: “37 años de lucha inclaudicable” [6] se convierten en escudo identitario y, a la vez, en metralla retórica contra quienes tachan de “sectores reaccionarios” o “estudiantes mediocres y manipulados”. El texto vuelve sobre la idea de un cuerpo colectivo que debe expulsar la infección —esta vez, más que nunca, personalizada en Diseño Gráfico y en la AEU— para recuperar la salud de la facultad.

Desde la perspectiva hermenéutica, la operación es doble. Por un lado, la apelación a la memoria de mártires y exiliados dota al conflicto de una gravedad casi sacral: la lucha actual no es mero diferendo estudiantil, sino reiteración de batallas decisivas por la justicia social. Por otro, la narrativa nacional de guerra interna se cuela entre líneas: “los sectores más resentidos de extrema derecha” no son solo adversarios circunstanciales, sino encarnación universitaria de un enemigo histórico. De ahí el tono casi litúrgico del eslogan que cierra el encabezado —“POR LA MEMORIA DE NUESTROS MÁRTIRES… LUCHAREMOS HASTA VENCER”—, un llamado a la lealtad que convierte la facultad en santuario político.

Esa solemnidad, sin embargo, convive con la rabia descarnada. La “profecía” de muerte contra Víctor “Memín” Gudiel —refrendada con hipérboles temporales (“40 000 años”, “2500 años”, “Nostradamus”)— reafirma la frontera entre el nosotros heroico y un otro degradado a “hijo bastardo”. Lo que aparenta ser humor satírico en realidad naturaliza la violencia, desplazando la controversia académica hacia la lógica fatalista del enemigo que debe desaparecer. El boletín se sitúa en un umbral donde la sátira huelguera deja de ser transgresión lúdica para convertirse en anuncio apocalíptico.

El gesto histórico de apropiarse del CRA 72 cumple, además, una función de cierre identitario: si aquellos estudiantes expulsaron la “extrema derecha”, hoy toca repetir la gesta. Fenomenológicamente, la evocación de aquel episodio confiere un sentido de misión cumplida por adelantado; hermenéuticamente, legitima la exclusión de los “abusivos del presente” como simple paso en la continuidad de un relato de redención. Por eso el boletín no admite mediaciones: en su horizonte, la facultad solo se salva mediante la erradicación total de los “sectores reaccionarios” y sus “títeres sin dignidad”.

El resultado es un documento que intensifica la atmósfera de cerco ya perceptible en los dos boletines anteriores, pero añade un barniz mítico que altera las reglas del juego. Invocar mártires, exilio y profecías desplaza el conflicto del terreno negociable al plano de lo inevitable; convierte la violencia simbólica —degradar, amenazar, profetizar— en ritual indispensable para custodiar la memoria de la facultad. En esa perspectiva, el Boletín 3 no solo prolonga la disputa: la sella con la autoridad de la historia y anticipa, como si fuera destino, la eliminación del adversario. De nuevo, la Huelga de Dolores se revela como espejo de la Guatemala de 1993: un país que ensayaba la paz mientras sus jóvenes reciclaban la retórica bélica para defender parcelas de identidad, poder y pertenencia.

Boletín 4 (Diseño Gráfico, marzo 1993)

El único boletín recuperado del PDG responde con ironía: “dulce sexi y sensual… para amar también hay que ser diseñador”. La burla deviene estrategia de subversión frente a la violencia de Arquitectura. El texto denuncia robos de urnas y falta de salones, evidenciando marginación estructural. Fenomenológicamente, el boletín expresa una identidad emergente que busca legitimidad a través de la AEU; hermenéuticamente, su sarcasmo cuestiona las jerarquías y re-significa la humillación como fuerza movilizadora:

BOLETIN No. 4 DISEÑO GRÁFICO

El muy sub-leal, dulce sexi y sensual, guarero, salsero, merenguere, atolero, roquero, rapero, rapador, motivador, de las chicas su consolador, para amar también hay que ser diseñador, TORTU-COBRA tiene cuerpo de tambor, tamborcito, tamborsote, tamborilero, machetero, cachetero, nunca con la talacha pordiosero, siempre con rectitud, prontitud, actitud, la SUPER RUBIA, un patojo le ha robada la juventud, recordá que “quien  con patojas se acuesta cagado amanece”, amanece, AMANECER, lucha por los intereses estudiantiles a más no poder, y a los que los está chingando los van a joder, coger, pisar, verguiar, y este sub los va ayudar, ayuda, ayudante, constante, tener tantas admiradoras es estimulante, enervante, erectante, aunque sea de puro levante, levantador, anti-marero, mañoso, gomoso, con las bocas melindroso, estudios, ruidoso, peligroso, y combativo HONORABLE SUB COMITE DE DISEÑO GRAFICO DE HUELGA DE DOLORES 1993.

 

AL SIEMPRE

Bloqueado, enfuriado, menospreciado, pero por la Asociación de Estudiantes de Diseño Gráfico, nunca desamparados, junto con AEU y demás asociaciones a los de primer ingreso se ha AMPARADO, GRACIAS, COMPAÑEROS, y a la Junta Directiva de Arquitectura ha ahuevado, y la mierda se les ha arralado, desvelado con tanta tarea agobiado, apenas 5 puntos en los trabajos ha sacado, aunque cierto grupito de cerotes a 9 puntos ha llegado, NO HAY QUE SER ARRASTRADO, en el exterior el diseñador Gráfico es bien cotizado, sintiéndose alpinista porque siempre se harta alpinas, sintiéndose RUBBER, porque siempre anda gomoso, sintiéndose talega porque siempre anda bien parado, sintiéndose pedante, por tanto pedo que se tira, sintiéndose inodoro, porque siempre está rodeado de culitos, sintiéndose león, porque le rugen los pies, sintiéndose Diseñador Gráfico, porque tiene los huevos bien puestos, sintiéndose camión `porque tiene tanta retranca, sintiéndose volcán, porque le retumba el culo, sintiéndose Blanca Nieves, porque en las clases lo tienen pariendo enanos, sintiéndose músico, porque toca el órgano, sintiéndose Moisés, porque está en busca del “edificio prometido”, prometedor, cumplidor, estudioso, combativo, consecuente, elocuente, constante, pensante y siempre PRESENTE, estudiante de Diseño Gráfico.

 

QUIEN NO CONOCE LA VERDAD Y LA NIEGA, ES UN TONTO, PERO
EL QUE LA CONOCE Y LA NIEGA, ES UN TRAIDOR.
Reflexionen compañeros de AEDA.

 

El marginamiento por parte de ciertos grupos políticos de Arquitectura, desde inicios de la carrera ha sido evidente, tan claro que en octubre pasado para la vocalía 4ta. y 5ta. de facultad, lo justo era que participara un compañero de Arquitectura y uno de Diseño, lo cual no se dio, prueba de ello Diseño participó con 2 candidatos, los cuales fueron agredidos y amenazados, para finalmente culminar con el ROBO DE LA URNA, pues se notó que DISEÑO GANABA. La identidad de estos hechores fue del conocimiento público, en especial de AEDA, y se nota el consentimiento de éstos, al nombrar como representante estudiantil de Arquitectura a Juan José Rodas, el cerebro del robo de la URNA.

El hecho que Junta Directiva de facultad, quiera obligar a los Docentes de Diseño a no impartir clases a los compañeros de primer ingreso, transgrede la ley, están mal muchá, dándose de nuevo el marginamiento, la mala fe y el deseo de coartar el derecho constitucional de todo guatemalteco, LA LIBRE EDUCACIÓN SUPERIOR. Que, a raíz del reordenamiento de horarios, mal intencionado por supuesto, tenga a compañeros de DISEÑO recibiendo clases en condiciones deplorables, en las gradas, por no habernos cedido salones.

Querer enviar al primer ingreso de DISEÑO, a una jornada matutina, LIMITA los anhelos de superación de muchos estudiantes, que trabajan para poder sostener sus estudios, los cuales se verían obligados a dejar la UNIVERSIDAD, siendo de nuevo una medida que va en contra del estudiante Universitario, medida para variar manipulada por el decano CHAFARRÍA, y el seudo representante estudiantil Juan José Rodas y por ende AEDA.

Desconocer al Comité ejecutivo de AEU, una medida estúpida, tomada por la CHICHURAIDA y RODAS, aunque no muy de acuerdo, pero aun así apoyada y acreditada por los títeres de AEDA, en quienes cayó la responsabilidad y antipatía de la AEU, de todas las asociaciones estudiantiles y aún más del HONORABLE COMITÉ DE HUELGA DE TODOS LOS DOLORES 93, por querer manipular la RAZON que respalda al ESTUDIANTE DE DISEÑO GRAFICO.

Ahora el estudiantado de DISEÑO, preguntamos, será que hemos SIDO marginados, acosados, amenazados, por estos grupos represivos, por Junta Directiva de Facultad, por los títeres de AEDA. VOS QUE PENSAS COMPAÑERO, VE LA REALIDAD TAL CUAL ES, compañeros de AEDA, cuestiónense ustedes quién tiene la RAZON, conocen la realidad o no.  Compañero de Arquitectura, quienes son tus dirigentes, los conoces o no, recuerda que ellos deciden por vos, pero en realidad serán ellos quienes deciden, o será la manipuladora de IRAIDA RUIZ y el bruto de JUAN JOSÉ RODAS y la demás LACRA que dirige tu facultad.

Compañero estudiante consecuente de Arquitectura, retoma tu papel reivindicante y pon en tu Asociación, gente con CRITERIO, OBJETIVA, REAL, CAPAZ, JUSTA, ECUÁNIME y lo principal con la potestad de decidir, y no depender del decano y demás manipuladores, para solicitarles permiso para poder dar un paso.

 

PIENSALO ESTUDIANTE

Sabemos con certeza que los dirigentes de DISEÑO cuentan con la credibilidad y el apoyo de todos los estudiantes de DISEÑO, de AEU, Consejo Consultivo de Asociaciones y aún más con la simpatía de algunos compañeros de Arquitectura, pero todo ello se debe al trabajo realizado por los mismos y porque la causa es justa, DEFENDIENDO LOS DERECHOS DEL ESTUDIANTE UNIVERSITARIO, adelantar AEU, adelante AEU, adelante AEDG, cuentan con nuestro apoyo. [7]

A diferencia del torrente acusatorio que dominó los impresos de Arquitectura, el boletín de Diseño Gráfico abre con un carnaval de rimas y apodos que, lejos de distraer, condensa la vivencia de una comunidad asfixiada. Cada juego de palabras –“guarero, salsero, merenguere, rapero”– traduce el impulso de mostrarse múltiple allí donde la etiqueta de “intrusos” pretendía reducirlos a una nota al pie. Fenomenológicamente, el texto deja ver un cuerpo colectivo que se sacude la vergüenza y exhibe con desparpajo una supuesta sensualidad, talento y hasta una muestra de irreverencia como antídoto contra el menosprecio. El “muy sub-leal, dulce sexi y sensual” no es un mero chiste: nombra la experiencia de saberse relegados a los pasillos, a las gradas, a los horarios inviables, y convertir ese agravio en fuerza afirmativa.

Bajo la mirada hermenéutica, el boletín funciona como espejo invertido del discurso bélico de Arquitectura. Donde los otros pronosticaban exterminio, aquí se proclama el derecho a “amar también hay que ser diseñador” y a “amanecer” pese a las zancadillas. El recurso a la burla –“quien con patojas se acuesta cagado amanece”– desplaza la violencia frontal hacia un humor de doble filo: al ridiculizar a la AEDA y a la Junta Directiva, los autores corroen su aura de autoridad y revelan la precariedad de un poder que sólo se mantiene prohibiendo clases, robando urnas o confinando a los recién llegados a estudiar en las escaleras. Así, la sátira no es evasión; es la forma estética que asume una crítica ética profunda.

El eje que sostiene el texto es la experiencia de marginación convertida en motor de comunidad. Cada enumeración de penurias está hilada con un “GRACIAS, COMPAÑEROS” que transmuta la queja en gratitud militante: la adversidad confirma la necesidad de mantenerse unidos. Cuando se pregunta “¿vos qué pensás, compañero?”, el boletín rompe la lógica de la diatriba para invitar al lector –incluso al de Arquitectura– a revisar quién decide realmente por él. Esa apelación directa convierte el documento en un ritual de interpelación que busca ampliar la grieta en la hegemonía de la AEDA.

Al nombrarse “bien cotizado” en el exterior, el diseñador traza un puente entre la realidad precaria del aula y un horizonte profesional respetado; la metáfora del “edificio prometido” apunta a la promesa de un espacio digno que sólo llegará si la comunidad se plantea, con sentido crítico, quién legítimamente debe representarla. Desde la fenomenología, esa proyección al futuro transforma la frustración en anticipación esperanzada; desde la hermenéutica, inscribe la lucha estudiantil en la narrativa más amplia del derecho a la educación y a la movilidad social.

En suma, el cuarto boletín toma la violencia recibida y la revierte mediante una retórica lúdica que no se limita a responder insultos: subvierte las jerarquías, denuncia la complicidad administrativa y llama a la autocrítica de los propios compañeros de Arquitectura. Su potencia radica en mostrar que la identidad puede forjarse no sólo defendiendo un territorio, sino reclamando el derecho a existir en él con alegría, creatividad y dignidad. Allí donde el enemigo quiso encerrar a Diseño Gráfico en un rincón, el impreso abre un foro para que la burla, la indignación y la esperanza confluyan en una misma consigna: la marginación no será destino si se convierte en causa común y horizonte compartido.

Comparación transversal

En los pasillos que separaban –y al mismo tiempo unían– a Arquitectura y Diseño Gráfico, los boletines funcionaron como espejos contrapuestos donde cada colectivo ensayó su propio modo de estar-en-el-mundo. A través de ellos podemos escuchar dos voces que se levantan desde experiencias afectivas distintas, pero igualmente intensas: de un lado, la seguridad altiva de quien se siente guardián de un legado incontestable; del otro, la indignación creativa de quien reclama un lugar negado.

Arquitectura privilegia un hábitat de defensa territorial basado en la tradición; Diseño Gráfico articula una ética de reconocimiento. Ambos reproducen lenguaje vulgar, pero divergen en la direccionalidad del poder. La violencia simbólica, leída con Ricœur, manifiesta la “mala dialéctica” donde la negación del otro impide la constitución del Mitsein universitario. Este tipo de polarización aminora el aprendizaje transformador del activismo.

Para el subcomité de Arquitectura, la identidad brota de una genealogía heroica. La evocación del CRA-72 (Rabe, 2022)y la letanía de “años de lucha inclaudicable” no son simple ornamentación: constituyen un anclaje existencial. Fenomenológicamente, los estudiantes se perciben investidos por la historia; sienten en la piel el peso de los mártires y el mandato de no claudicar. Esa certeza origina un discurso que solo puede ser beligerante, porque defender la tradición equivale a preservar la propia esencia. Hermenéuticamente, las referencias a la “extrema derecha” o a la “traición” proyectan en el interior del campus los viejos fantasmas de la guerra: cualquier actor que cuestione el statu quo queda asimilado al enemigo histórico y, por tanto, susceptible de ser expulsado sin remordimiento. El lenguaje soez y la amenaza explícita refuerzan la muralla simbólica que separa al “nosotros” puro del “ellos” contaminante; cada improperio es ladrillo que solidifica la fortaleza identitaria.

El boletín de Diseño Gráfico emerge desde la orilla opuesta de la experiencia: la de quienes han sido enviados a estudiar en las gradas, borrados de las urnas, relegados a horarios inviables. Su tono es festivo, bromista y, a ratos, ferozmente irónico, porque la sátira se les ofrece como única arma frente a un poder que los desconoce. Desde la fenomenología, esa burla colectiva es un gesto de reapropiación del cuerpo y del espacio: nombrarse “dulce sexi y sensual” cuando se les llama “intrusos” es invertir el signo del agravio para convertirlo en fuerza comunitaria. En clave hermenéutica, la alianza con la AEU revela una estrategia de legitimación alternativa: carecen de tradición que los abrigue, así que buscan reconocimiento tejiendo redes con otras asociaciones y con la propia institucionalidad universitaria. Su lenguaje, aunque también recurre a la rudeza, abre un resquicio reflexivo –“¿quién tiene la razón?”– invitando a los compañeros de Arquitectura a mirarse en un espejo menos deformante.

Bajo la superficie, ambos discursos comparten una misma matriz de afectos: miedo a la pérdida, deseo de pertenencia, necesidad de validar una dignidad puesta en duda. Sin embargo, difieren en la orientación de esos afectos. Arquitectura encarna la defensa de un territorio simbólico desde la lógica del cerco: cuanto más se estrecha la amenaza, más gruesos los muros verbales que levanta. Diseño, en cambio, responde desde la lógica de la fisura: exhibe la grieta, la señala con humor y busca que otros transiten por ella. Allí donde unos proclaman “no daremos ni un paso atrás”, los otros preguntan “¿vos qué pensás, compañero?”, desplazando el conflicto del campo de batalla a la arena del diálogo potencial.

El problema es que la pregunta cae sobre un suelo ya endurecido por la violencia simbólica. La retórica misógina y las profecías de asesinato pronunciadas desde Arquitectura clausuran de antemano la posibilidad de un lenguaje compartido, mientras el sarcasmo corrosivo de Diseño profundiza la herida de la humillación en el contrario. Así, la fenomenal necesidad de reconocimiento mutuo –que podría abrir una vía de conciliación– se transforma hermenéuticamente en relato antagonista: para que uno exista, el otro debe desaparecer o rendirse. La historia de 1993 muestra cómo esas lógicas se alimentan en un círculo vicioso: cuanto más se grita desde la fortaleza, más punzante se vuelve la sátira del margen; cuanto más se ridiculiza al poder, más se insiste en la invocación de sus héroes.

Comprender estos boletines con mirada fenomenológica y hermenéutica permite intuir que la reconciliación no era, en sí misma, imposible; lo que faltó fue un dispositivo que tradujera la emoción compartida –el anhelo de dignidad estudiantil– a un lenguaje no excluyente. Mientras esa traducción no ocurriera, la tradición defensiva de Arquitectura y la creatividad insurgente de Diseño permanecerían orbitando sin tocarse, alimentando la polarización. Hoy, releer esas páginas con distancia histórica permite comprender que, detrás de cada insulto y de cada chiste, laten subjetividades que buscaban ser reconocidas. Reconstruir ese reconocimiento –plenamente humano– es quizás el paso que en 1993 quedó pendiente y que toda comunidad universitaria, en contextos de tensión, está llamada a retomar.

Conclusión

Los boletines de la Huelga de Dolores de 1993 revelan dos modos de habitar la Universidad de San Carlos en un momento en que el país todavía lidiaba con algunos enfrentamientos del conflicto armado. Arquitectura, aferrada a la memoria del CRA-72, defendió su territorio simbólico con un lenguaje bélico y misógino que convertía toda alteridad en amenaza. Diseño Gráfico, marginado por aulas prestadas y urnas robadas, respondió con sátira mordaz: la burla se volvió arma de pertenencia y de reapropiación del espacio universitario. Aun así, ambas facciones compartían la misma sed de reconocimiento y una sensación compartida de fragilidad.

Leídos fenomenológicamente, los boletines encarnan afectos—orgullo, temor, hastío—que afloran cuando el campus se percibe sitiado. Interpretados hermenéuticamente, muestran cómo las lógicas de la guerra—enemigo, defensa, expulsión—se filtraron al aula y fijaron fronteras identitarias. La ausencia de un marco institucional que suspendiera juicios y mediara la diferencia permitió que la violencia simbólica cristalizara dos mundos paralelos. La palabra dejó de tender puentes y se convirtió en trinchera; el Mitsein académico se fragmentó en feudos que ya no dialogaban.

La experiencia dejó una doble lección. Primero, la violencia simbólica puede herir tanto como la física: normaliza la desconfianza y vuelve la pluralidad un riesgo. Segundo, el reconocimiento no se decreta; se construye en espacios de escucha donde cada parte se arriesga a dejarse afectar por la voz ajena. El mero hecho de publicar boletines y convocar asambleas demostró que persistía un resquicio para el encuentro; la tradición universitaria conserva, por tanto, recursos propios para revertir la exclusión.

Más de treinta años después, la USAC sigue desafiada a transformar el conflicto en ocasión de aprendizaje mutuo. Ello exige habilitar instancias genuinas de diálogo, integrar memorias divergentes sin borrarlas y asumir el disenso como motor creativo. Solo así la universidad recuperará su vocación de “casa de la razón” y dejará de reproducir la fractura nacional para convertirse en un laboratorio de reconciliación crítica, donde la diferencia se afirme como condición de una comunidad verdaderamente plural.

 

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Entrevista:

Gudiel, Víctor Hugo. 16 de agosto de 2024. Secretario general de la AEU 1992-1993. Por B. Rabe.

 

 

 

 

 

 



[1]      Víctor Hugo Gudiel, entrevista por B. Rabe, 16 de agosto de 2024. Secretario general de la AEU 1992–1993.

[2]      Elementos esenciales de una experiencia que permanecen constantes más allá de sus manifestaciones particulares.

[3]      Boletín No. 1 del sub-comité de huelga de Arquitectura, marzo de 1993.

[4]      Boletín No. 2 del sub-comité de huelga de Arquitectura, marzo de 1993.

[5]      Boletín No. 3 del sub-comité de huelga de Arquitectura, marzo de 1993.

[6]      En realidad, el movimiento había iniciado en 1972, había declinado en 1976 y fue interrumpido desde 1980. Ver Rabe: CRA, el movimiento que transformó la Facultad de Arquitectura.

[7]      Boletín No. 4 del sub-comité de huelga de la Diseño Gráfico, marzo de 1993.